Llegó la última clase de mi residencia. Evidentemente se me mezclaban muchos sentimientos: felicidad por estar terminando una etapa, entusiasmo por lo que puede venir, pero también una cuota de tristeza por tener que dejar el grupo con el que me he estado viendo desde mayo.
Para terminar la residencia, realicé un breve repaso de todos los temas, y brindé las planillas de calificaciones a la docente co-formadora. Por su parte, a los estudiantes les solicité que llenaran una encuesta breve, donde me evaluaban y me brindaban sus sensaciones sobre mi desempeño docente. Sus mensajes fueron muy positivos y enriquecedores.
Mis estudiantes me sorprendieron, porque me organizaron una fiesta de despedida, llevaron comida e incluso me dieron regalos por el día del profesor que había sido el día anterior. Me hicieron afiches y regalos que realmente me llegaron a emocionar. Les agradecí su acompañamiento y su disposición hacia mi tarea. Les expliqué que, si bien mi residencia terminaba, ellos debían seguir estudiando y seguramente más adelante la vida nos cruzará de nuevo. Fue sin dudas, un día lleno de emociones y aprendizajes, no solo desde lo académico, sino que este grupo me enseñó que el docente es más que un transmisor de conocimientos, es un guía, un compañero, un amigo....
Imágenes de la última clase, la despedida....



















